Las Casas de la Península

Este tramo forma parte de: Pueblo, cenotes y ciudad amurallada · De Holbox a Bacalar

Tramo · Espita → Seyé

De Espita al anillo de cenotes: Casona Los Cedros y Galopina

Del Pueblo Mágico de Espita al monte del anillo de cenotes: dos casas y unas dos horas de carretera entre ellas, con Izamal como pausa entre las dos casas.

Espita: Casona Los Cedros

Habitaciones de Casona Los Cedros al atardecer, de líneas contemporáneas, entre los árboles y las plantas del jardín tropical.
Crédito: Manolo R. Solís

En Espita, el pueblo que llamaron «la Atenas de Yucatán», las casonas de doble altura del siglo XIX todavía guardan sus pisos de pasta. Casona Los Cedros fue casa de una familia, después una cantina, y pasó unos treinta años abandonada. Su restauración conservó la casa original, que hoy alberga la recepción y el bar, y levantó alrededor de un jardín tropical de plantas aromáticas las habitaciones, la piscina y la terraza, en un lenguaje contemporáneo.

La piedra, el chukum, la cal, la madera y las fibras naturales, junto con los muebles hechos con artesanos de la región, dan a la casa su textura. Las habitaciones se abren a terrazas sobre el jardín. Y la mesa es parte de la estancia: su restaurante cocina con producto de temporada de productores locales y del huerto de la casa. Desde aquí, Espita se vive a pie, de la plaza a la iglesia de San José.

En la práctica: salidas desde la casa a Ek Balam y el cenote X’Canché, y a cenotes comunitarios como Sac Aua.

La iglesia de Espita, con sus dos torres, vista desde la fuente de la plaza entre palmeras.Papel picado de colores frente a la torre de la iglesia de Espita, junto a una palmera.
Espita: la iglesia desde la plaza y papel picado frente a su torre. Crédito de las dos fotos: Katie & Alex.

Izamal: recorrer la ciudad amarilla a pie

Las fachadas amarillas dan unidad al paseo, pero el interés de Izamal, Pueblo Mágico, está en cómo conviven sus épocas. El convento franciscano de San Antonio de Padua se levantó sobre un basamento prehispánico. A unas calles del atrio, la pirámide de Kinich Kak Moo queda rodeada hoy por las calles del pueblo; su núcleo ceremonial suma más de 2,500 años de ocupación.

  • Parada breve: reserve aproximadamente una hora para el atrio del convento y las plazas.
  • Con más tiempo: puede dedicar medio día: amplíe el paseo hasta Kinich Kak Moo y coma en el centro antes de seguir.

No necesita recorrerlo todo en este traslado: elija una visita que le deje llegar a Galopina sin prisa.

Llegar a Galopina

Alberca circular de Galopina frente a dos volúmenes de techo a dos aguas, rodeados de vegetación.

En Galopina, la arquitectura sigue el relieve de un antiguo henequenal, dentro de la reserva estatal del anillo de cenotes. El despacho yucateco TACO repartió las cinco suites por el monte para que cada una mire distinto: dos en alto, con la vista abierta sobre las copas de los árboles; dos dentro de la tierra, rodeadas de vegetación endémica; la quinta, junto a la casa, con entrada propia. Todas tienen terraza privada y hamaca.

Elisa y Guillaume la describen como una casa para viajeros más que como un hotel, y reciben ellos mismos: ella se ocupa del interior y de la cocina; él, del monte, los árboles y el huerto. El día empieza con café recién molido y fruta de temporada y termina con una cena cuyo menú cambia cada día. En medio, las aves: desde la terraza o en una caminata, con los binoculares y la guía de especies de la casa. Una Llave MICHELIN · 2026.

Llegue con tiempo para disfrutar el monte y la terraza antes del atardecer.

En la práctica

  • Directo: unos 140 km, poco más de dos horas de conducción.
  • Por Izamal: unos diez minutos más de conducción; el paseo y la comida se suman aparte.
  • Desde Galopina, a unos 35 km de Mérida: cenotes, buceo de iniciación a cuevas, el taller de Javier Marín y una hacienda henequenera que todavía trabaja.

Revisado el 12 de octubre de 2026.

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